"¿Qué vale más: ser temido o ser amado?"
Maquiavelo
Dirá Maquiavelo que nada mejor que las dos, pero como es difícil reunirlas y siempre ha de faltar una, concluye: "Es más seguro ser temido que amado".
Con estas preguntas y premisas inicié el curso con el salón B-33. Cómo llegarles a los chicos; yo me incliné por la que despreció Nicolás. Elegí ser amada, y para ello me di al amor. Llevé mis libros, inventé juegos, reviví mis clases y ejercicios con los que aprendí y que con tanto primor guardo en sus carpetas para que se vuelvan eternos. Me sacan de apuros.
Ese día la clase trataría sobre cómo hilar ideas, ritmo, sonoridad, impacto, efecto en el lector. Enumeré dos maneras: fraseo corto y fraseo largo. Mi maestro Don Paco dirá: Cervantino y azorinesco. Para el azorinesco leímos algo de Jorge Galán con El sueño de Mariana y para el cervantino abordamos uno de esos ejercicios engavetados: un párrafo de página y media, una oración de unas 900 palabras, un mounstro de texto. Trataba sobre cómo rendir tributo a Víctor Hugo. Y al rato se ponía tramposo porque soslayaba cómo tributar a Hugo y enumeraba infinitos mausoleos a los que se reverenciaba. Y ese era nuestro párrafo mounstro. Una numeración obscena de tumbas. Un párrafo sostenido con puntos y comas y comas aclaratorias, explicaba eso cuando algunos chicos se distrajeron mucho.
Veamos, la clase de por sí era complicada, pero la estábamos sazonando con comentarios... y los mismos seguían con su conversación a muecas.
Este párrafo tiene una idea principal sencilla... y los chicos seguían con su conversación a larga distancia en diagonal... medio mundo se distraía. Por fin consiguieron su objetivo, nunca nadie supo de qué iba el dichoso párrafo porque la clase tuvo que ser suspendida para terminar de escuchar lo que ellos tenían que decir. "No era nada importante", dijeron cuando se les interrogó. Qué terriblemente triste, pensé.
Fin de la clase.
Ahora, cómo hacer que los muchachos comprendan el tremendo esfuerzo de hacer una clase amena, cómo se explica de manera divertida un párrafo de 900 palabras... Ahora sí tenía ganas de ser temida. Infundir mucho, pero mucho miedo.
Estábamos en esa pensadera con mi amiga tica, quien es filósofa para preescolares, cuando dije: "Les daré lo que odian más: la clase más aburrida del mundo".
Al día siguiente llegué a clase, escribí indicaciones terribles como: silencio absoluto, nada de comentarios ni preguntas, no participación; y esta que es atroz: al menor comentario la clase se suspende.
Con todo el temor que esperaba no dije nada, me senté y empecé a dictar como lo hacían hace cincuenta años. Escarmiento puro. Sin regaños. Sin humillaciones. Sin caprichos humanos ensañados en un solo ser.
Cuando los primeros empezaron a dormir, paré. Escribí en la pizarra: La vida no solo es conocimiento, sino también experiencia.
Con ello llegamos a la conclusión: por qué esta clase fue horrible, qué le pasaba a la facilitadora, será que tiene problemas. Nada que ver. Es un ejercicio de control de impulsos (para no interrumpir clase cuando no se debe), intoleracia (por dejar que los chicos se me suban a lomo) y valoración (para que vean qué difícil es preparar una clase amena y divertida).
Platicamos, escribieron. Odiaron la clase. Espero que ya no me teman. Espero que solo me amen.
PD: El viernes los chicos terminaron el curso, ahora son verdaderos universitarios. Vea la próxima semana una gran sorpresa: ¿Alguien tiene el mail te Tim Burton?
martes, 17 de febrero de 2009
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