
Ese día debatíamos sobre si tal y tal palabra era un verbo, adjetivo o lo que sea. El ambiente se volvía algo tedioso. Entonces, ¿cómo devolver el ánimo, cómo seguir usando las palabras? Saqué de mi cuaderno no tan mágico (portada morada y con dibujito de Cervantes) un ejercicio que ese día nos salvó. Todos querían volver a jugar con las palabras, accedí.
-Bien, dejemos de repasar de esa manera, dispónganse todos en los pupitres de más abajo, sin dejar espacios.
Todos se reacomodaron.
Probamos y como estaban ya más entrenados, les pedí que dijeran dos nombres, adjetivos y un verbo. Dictaron:
Jesús
Navegar
Cuzuco
celeste (creo, me corrigen, ¿si?)
Luego les pedí: Ahora recordemos los elementos de una narración. Un personaje que es un NOMBRE, con ciertas características que lo hacen único, los ADJETIVOS, y con un objetivo o trama a desarrollar: el VERBO. Las demás palabras vendrían después. Todos pensaron y repensaron, y cuando terminaron, al azar dije:
-Magadalena, inicie su cuento.
-Está Jesús en su casa y apaga el gas...
-Continúe usted, y me dirigí a otro estudiante para que siguiera con el cuento que había iniciado su compañera.
-Y entonces el gas estalló y se incendió la casa.
-¿Y entonces?, otro continuó.
-Se regresó a rescatar a su amada que estaba en la casa...
Y así íbamos alternando narradores que le iban poniendo su toque personal a la historia. Lo divertido fue cuando neustra pequeña catástrofe se convirtió en una especie de cómic con superhéroes que recuerdan a platillos exóticos.
Marco Melhado continúo: Entoces no se muere porque se convierte en Cuzucomán...
-¿Y qué poderes tiene?, interrogué.
-!Su poder de tirar agua con el que apaga los incendios!, siguió Melhado con cara divertida y entre risas. Los demás también estaban riendo.
La historia continuó más o menos en unos superhéroes que salvaron la tierra en medio de la desolación. Un superhéroe que combatía con un hombrecucaracha y... Luego todo se ponía confuso. Si bien es cierto el cuento no era el más coherente de todos, pero íbamos rescatando elementos que usaba el narrador anterior. Varias veces amenazó con caerse la historia, sin embargo, sobrevivió. Y la mejor manera de rendir homenaje es recrear y convertir esa historia. Le conté el ejercicio a Calacin, un ilustrador formidable de un periódico de aquí. Accedió, e imaginó con nuestra historia cómo sería nuestro superhéroe tiraagua. Cuzucomán existe!, está allá arriba, el salón B-33lo imaginó y Calacin lo dibujó. Que lo disfruten.
