miércoles, 14 de enero de 2009

Amor por amor: el pequeño tesoro

Ayer fue un día fantástico, y creo que puedo hablar por mí (la señora déspota de la clase) y por los jóvenes del salón B-33. Iniciamos la segunda etapa del curso, mi parte favorita, por la que me encanta desvelarme, llenarme de polvo las manos y recorrer miles de pasillos en la biblioteca. Mi deleite: la lectura. Entonces, cómo acercar a los muchachos y chicas a ese placer. Ya algunos habían confesado que leían "lo que sea"... y qué es lo que sea? Con esos parámetros tan claros pues me pregunté: Cómo... quiénes serán los elegidos para mostrarles lo maravilloso de dejarse llevar por el placer. Y pregunté: quiénes somos hedonistas? Algunos se atrevieron y levantaron su mano, orgullosos. Yo quería que se deleitaran, así que me dije: amor por amor. Antes de la clase, y aún en mi casa, me subí a una silla y bajé a mis amantes, sí, leyó bien, mis amantes: mis amados libros. Seleccioné los que obedecían a las categorías de "fantástico, alucinante, formidable, chistoso, irreverente..." Llevé conmigo a Saki, Wilde, Woolf, Escudos, Galán, los cubanos, Joyce, Agutagawa y Calvino. Era una muestra minúscula, pero funcionó. Los presenté y algunos chicos se abalanzaban desde las alturas para ver el pequeño tesoro. Así, amor por amor, les propuse que los hojearan, vieran, tocaran y hasta los abrazaran. A algunos les brillaban los ojos, y yo, feliz. Leímos, leyeron. Gusto o no gustó, qué nos provocó, qué personaje me gusta... Dijeron mucho, contaron mucho. Ellos, felices (espero). Los enjaulados del B-33 nos entregamos al amor por amor, leímos y nos divertimos.